Las emociones también traicionan

Las emociones también traicionan

Hoy me ha traicionado la alegría de todo lo que va a venir. Sin querer he asustado gratuitamente a mi madre con la noticia de que iba a prepararme como instructora de yoga. Lo he dicho con tanta naturalidad que se me olvidó que no la había preparado para esto.

A ella le preocupa que habiendo dedicado unos años a unos estudios de diseño, vuelva a cambiar de rumbo. Es normal, es posible que en su lugar ella ni se lo planteara porque antes la vida y la cultura eran diferentes a las de ahora. Antes las cosas duraban (las relaciones, el trabajo, los coches, los electrodomésticos…), ahora todo es efímero con mucha rapidez. Pero he sido imprudente, no se lo esperaba y se lo he soltado cuando estaba en medio de una comida con parte de mi familia, a tres días de volver a su trabajo además. No sabéis cuánto lo siento.

El desencadenante ha sido que hoy hemos sabido que el proyecto en el que trabajo finaliza el 30 de septiembre. Como hacía varios días que no hablaba con mi madre para ponernos al día he pensado que esto sería una excusa para hablar y me ha preguntado qué pensaba hacer contándole entonces mis planes. Lógicamente se ha sorprendido muchísimo porque yo ¡había estudiado diseño!¿qué sentido tenía?

Tendría que explicarle todos los análisis y procesos deductivos que he tenido mentalmente para llegar a esa conclusión. Han sido muchos, a veces muy obvios y otros muy obtusos pero lo que si tengo claro es que es algo que debo hacer.

Un salto al vacío implica dejar todo a un lado porque hay una fe ciega en aquello por lo que apuestas pero también hay personas a las que pueden afectar nuestras decisiones y esta parte quería abordarla en un par de semanas, cuando todo estuviera algo más asentado. Que me hiciera esa pregunta ha activado un resorte que todavía no tenía asegurado y claro, jarro de agua fría…

Esto lo hubiera llevado mejor si me hubiera dado tiempo a normalizar mis emociones. Si dejamos que nos dirijan, pueden llevarnos a sufrir mucho y hacer sufrir a otros, sin embargo podemos sentir su energía y permitir que exista en nuestro interior enfocándola para ser más constructivos. Se necesita un poco de práctica pero es posible conseguirlo. Hay un método llamado “El Método Sedona” que nos enseña a detectarlas a tiempo y abstraerlas hasta el punto de ser capaces de decir “tú no me controlas a mí” y mantener la objetividad en circunstancias que normalmente nos pondrían al límite y nos harían reactivos.

Hay ocho emociones básicas y luego hay matices que amplían el espectro. Tanto las emociones positivas como las negativas pueden llevarnos al desequilibrio (como a mi hoy) y provocar algún terremoto sin quererlo así que ser conscientes de lo que estamos sintiendo es el primer paso para no dejar que nos manejen.

En otro artículo hablaré sobre este método con más profundidad pero, para que podáis pensar sobre ello y comenzar a detectar esas energías, haceros estas preguntas en voz alta cuando sintáis que, por ejemplo, algo os molesta u os entusiasma:

¿Qué siento?
¿Puedo soltar lo que siento?
¿Estoy dispuesto a soltar lo que siento?
¿Cuándo?
¡AHORA!

Da igual si respondéis “si” o “no” a las preguntas (sólo hay que utilizar monosílabos), cuando lleguéis a la exclamación tenéis que decirla con fuerza, demostrando intención. Apretad puños, repetidlas frente al espejo mirándoos a los ojos cuantas veces necesitéis hasta que la emoción haya perdido fuelle o desaparezca. … Cuando suceda, respirad, estaréis preparados para actuar o tomar decisiones sin que la emoción controle vuestros actos.

Descargas: El Método Sedona en PDF

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