Curso de profesores de yoga: segundo módulo

Curso de profesores de yoga: segundo módulo

Este fin de semana nos hemos reunido de nuevo en la Escuela de Yoga Prana para realizar el segundo módulo del curso de profesores de yoga y he tenido emociones encontradas. He recibido la visita del miedo y de la angustia pero también de la gratitud, el amor, la fe y el conocimiento.

Siempre empezamos con una meditación (que a veces incluye pranayamas). Ambos días llegué justa a tiempo para el inicio y con las pulsaciones a cien tras recorrer 2 km a paso ligero desde casa hasta la escuela de modo que a la meditación llegué con vibraciones demasiado altas. Comenzar con una meditación es perfecto porque dejamos fuera de la sala todo lo que traemos del exterior, las pulsaciones bajan y entramos en un estado de respeto y apertura a los conocimientos que recibiremos después. Si comenzáis los días con estas dinámicas os preparáis mental y físicamente aceptando por anticipado lo que os deparará el día y afrontarlo con la sana actitud de ‘no reacción’.

Curso de profesores de yoga: comienza la intensidad

El sábado fue el día más energético, aprendimos dos nuevas series de pawanmuktasanas y una nueva versión de surya namaskar, realizamos dos meditaciones dinámicas de Osho (una por la mañana y otra por la tarde) y continuamos aprendiendo sobre historia del yoga. Terminamos bastante cansados pero muy energizados. Las meditaciones dinámicas fueron un descubrimiento para mí porque entré en algo parecido a un estado de trance, te mueves y bailas según la música te inspire, sin juicios, sin coreografía, dejándote llevar para centrar todos tus sentidos en el momento presente. El cuerpo es quien se expresa y puede ser muy intenso, de hecho, creo que pintar con esta técnica puede ser muy liberador, lo probaré.

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El domingo, tras la meditación, realizamos surya namaskar con ojos cerrados y con ojos abiertos para sentir y aprender el efecto fisiológico que produce en nuestro cuerpo (ojos abiertos energiza, ojos cerrados relaja) y así realizarlo en diferentes horas del día según nos encontremos y necesitemos.

Tras la karana, celebramos diwali con una pequeña ceremonia. Fue precioso. Esa mañana, antes de ir a la escuela, busqué en internet su significado y me dieron ganas de estar en india en estos días porque debe ser mágico vivir tanta gratitud y amor a la vida.

Curso de profesores de yoga: segundo módulo Curso de profesores de yoga: segundo módulo

La realizamos con Rafael Santamaría, director de la Clínica Alaya y gran conocedor de la cultura y tradición india. Un hombre de pronunciada delgadez pero cuya presencia transmitía fuerza, seguridad y sabiduría. No se inmutaba con la algarabía del grupo. Estábamos en ese descanso entre dinámica y dinámica cuando él apareció en medio de todos con una paz suprema. El director de la escuela tuvo que poner un poco de orden y pronto estuvimos escuchando con atención la explicación que Rafael nos regaló sobre esta celebración. Era la primera vez que participaba en esta ceremonia y me sentí un poco extraña pero se realizó de tal manera que no llegué a sentirme incómoda, intenté dejarme llevar y estar abierta a la experiencia. Así es como permitimos a la vida sorprendernos y aprendemos a ser flexibles ante el viento con que nos empuje.

Tras la bonita celebración llegó el momento de conocer los yoga sutras de Patanjali y aquí he de decir algo que creo es muy importante: cualquier persona que se interese por el yoga debería aprenderlos o al menos, conocerlos (Rafael lo imparte en su clínica como una formación específica) porque el cristal desde el que interpretas el yoga se transmuta en algo mucho más grande y completo. Soy consciente que estamos tocando la superficie pero he de admitir que, a pesar de pasarme años leyendo sobre energías, espiritualidad, vibraciones, el poder del pensamiento, etc, lo que recibimos en este día fue un gran regalo. La manera en la que Rafael daba la clase, la lógica de sus explicaciones, los pequeños “eurekas” que iba sintiendo a medida que pasaban las horas, la coherencia de toda la información, la profundidad de esta filosofía… terminó la jornada y sentí que quería más. Aquella clase tocó algo dentro de mí que me inspiró a seguir trabajando y a organizar bien los apuntes porque lo que iba a venir iba a ser grande. 

A principio del artículo mencionaba que tuve emociones encontradas, la razón de que aparecieran es nuevamente el EGO. El sábado practicamos varias versiones de diferentes pawanmuktasanas y un saludo al sol más complejo, también las meditaciones activas me dejaron exhausta. Ese día sentí frustración porque el ego me decía que esto era mucho, que mi cuerpo no estaba preparado para la intensidad que se avecinaba y ya comenzaba a sentir. El miedo provocaba cierta parálisis y aquella sensación se transformaba en angustia. El dolor de mis músculos, el agotamiento y la información que hoy había engullido estaban haciendo efecto. Pero mi chico apareció justo en el minuto que estábamos recogiendo para irnos a casa y hablando con él sentí que era capaz de hacerlo. Manu tiene ese efecto, es el nivelador de mis energías, hablar con él me ayuda a encontrar el equilibrio entre las ganas de aprender y evolucionar todo lo rápido que quiere mi ego y la asimilación de los contenidos y las prácticas que quiere mi corazón. Toca ‘un resorte’ en mí que libera la presión, acalla al neurótico entrometido y me permite ver el valor del proceso, amarlo.

El domingo hicieron acto de presencia las agujetas y agradecí mucho que las asanas fueran sólo de surya namaskar porque creo que hacer algo más hubiera terminado conmigo. Recibir después esa iniciación a los yoga sutras me convenció que todo estaba en su lugar y momento justo y volví a casa no sólo satisfecha sino convencida de que hacer este curso iba a transformarme física, espiritual y mentalmente. Tomé una buena decisión este verano y estoy dispuesta a entregarme al aprendizaje, dejar de pensar en el resultado y disfrutar de cada avance. Merezco recibir esto y doy gracias por vivirlo.

Namaste amigos.

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