Curso de profesores de yoga: Resumen del segundo año

En pocos días habré terminado mi formación como profesora de yoga así que ¡ya estamos llegando al final! Dos años que realmente son un principio porque este camino que emprendí ya no tiene fin. Cada día aumenta mi práctica y vivo desde la filosofía del yoga. He aprendido a vivir con el EGO, a escucharle desde un centro. He aprendido que no hay que rechazarlo pero tampoco dejarle hacer. Que está diseñado para que podamos sobrevivir en este plano de existencia pero hemos de ser conscientes que no somos nosotros, hay que trascenderlo, y en ello el Curso de Profesores de Yoga de Prana ha sido clave.

He comprendido muchas experiencias pasadas, he aprendido mucho sobre mi misma y se me ha abierto un universo inmenso que recomendaré a quién me pregunte. Ya no hay marcha atrás. Soy una persona nueva y pienso seguir compartiendo tanto lo aprendido como lo que aprenda a partir de ahora.

Tras el tercer módulo del segundo curso ya no escribí más sobre los siguientes porque básicamente eran profundizaciones a diversos temas aprendidos en el primer curso. Si que tuvimos módulos “muestra” de algunos estilos y tipos de yoga (asthanga, viniyoga, kundalini, infantil, terapéutico, embarazadas) pero cada uno daría para una formación totalmente independiente y sólo entramos en contacto para tener una ligera idea.

Si tuviera que destacar alguno de ellos, aparte del hatha yoga que me encanta, yo profundizaría en dos: asthanga y terapéutico. Todo se andará… Por ahora, estoy enfrascada en la preparación de un libro con todos los contenidos del curso y esto me llevará un tiempo. Será como repasar todo de nuevo y es perfecto. Espero finalizarlo en los próximos meses para que pronto esté disponible para los nuevos alumnos.

Pasemos ahora al resumen del segundo año. Ahora que nos aproximamos a la ceremonia de graduación estoy entusiasmada. En varias ocasiones he sentido este entusiasmo (que a veces, he de admitir, confundía con miedo). Por ejemplo cuando, a mitad del primer curso, decidí comenzar a dar clases de yoga. El director de la escuela me recomendaba esperar pero estaba segura que aprendería más rápido e integraría mejor lo que me estaban enseñando si me veía en la necesidad de dar las clases y así fue. Formarse con profesionales pero no esperar a terminar la formación para dar clases ha sido un acierto en mi caso, atreverme a soltar los miedos antes de lo previsto es lo mejor que he hecho, ¡he perfeccionado mucho mi estilo gracias a esas clases!

Del segundo curso destacaría la independencia. No sentir encima nuestro a los profesores nos ha hecho desarrollar compromiso a nuestra propia práctica aunque eso supusiera un abandono temporal de nuestra sadhana. Es como cuando los padres te dejan ir al primer campamento de verano y tienes que vértelas en situaciones nuevas sin su protección, sacas a la luz mucho potencial que no desplegabas por comodidad o inseguridad.

Muchos de nosotros hemos tenido crisis de convicción y propósito, muchos dejamos nuestra práctica de lado y la retomamos al sentir que rompíamos con algo que tenía todo el sentido para nosotros. Nuestras crisis fueron como “pruebas” que se nos presentaban para que viéramos cuán comprometidos estábamos con nuestro desarrollo espiritual y personal. Algunos compañeros tuvieron que hacer frente a situaciones que verdaderamente les obligaron a dejar su práctica e incluso el curso pero la mayoría, volvimos a ella con un propósito renovado y reforzado. Así que, para mi, este segundo curso ha sido el de verdad. El que realmente me ha mostrado si estoy hecha para esto o no. Y si, lo estoy, de hecho ya estoy mirando cuál será mi siguiente curso para seguir profundizando…

Si tú, que estás leyendo este artículo, estás pensando realizar una formación de Yoga en Prana, lo único que te recomendaría es que asistieras a la presentación que realizarán antes de comenzar el próximo curso. Puedes hacerte una idea aproximada de lo que es el curso y de que, te lo aseguro, valdrá la pena. Recibirás más de lo que esperas.

Resiliencia

A partir de ahora se me avecinan cambios. Me encantan, son la sal de la vida, gracias a ellos avanzamos. Aunque al principio me dieron miedo porque suponían sacarme de mi área de confort, abrazar los cambios es lo más importante que el curso me ha enseñado. Ser flexible conmigo misma y con los demás, con las situaciones, con las expectativas… ¡y esa flexibilidad se proyecta a mi contexto! De repente aparecen personas, objetos y situaciones con los que puedo fluir y sentir que todo va mejor, sin esfuerzo, que mi rigidez servía para bien poco y que cuando, tras definir los planes, dejé hacer al universo todo fue más divertido y justo lo que más me convino.

Así que aquí estoy, a 4 días de la ceremonia, preparando las maletas para viajar a mi nuevo hogar durante los próximos meses, donde reforzaré más aún mi práctica porque, si he de destacar algo más del curso de profesores de yoga, es que todo a mi alrededor puede cambiar pero mi actitud ante mi práctica debe mantenerse firme precisamente para seguir teniendo mi centro, ese que amarra el barco ante una tempestad, que me da seguridad y nutre, como una placenta, como árbol de vida que echa raíces al suelo que me sostiene. Mi mat y yo, hasta el fin del mundo… Gracias Prana. Me llevo vuestro legado allá donde me lleve la vida.

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