Deja que otro tome el mando

Deja que otro tome el mando

Cuando estamos enfermos, no tenemos más remedio que dejar que “otro” tome el mando y, mira tú por dónde, todo al final sale bien. Incluso cuando la sensación es que ha terminado como un completo desastre, al paso del tiempo admitimos que fue bueno pasar por aquello.

¿Por qué no dejamos que otros tomen el mando más a menudo? ¿Por qué tenemos la necesidad de tenerlo todo bajo control? ¿Acaso no confiamos en ellos? Puede que tu respuesta sea que no, que tú lo sabes todo y, en consecuencia, sabes cómo hay que hacer las cosas. Puede que me digas “si, si, confío en las personas pero es que…” y me digas cualquier excusa. Pues mientras no CONFÍES y dejes que otro tome el mando, tendrás una vida en la que el sufrimiento, el agotamiento y la desconfianza sean gran parte de tus experiencias. Imagínate, ¿hasta cuándo podrías vivir así?

En la película El Cambio, de Wayne Dyer se expone de una manera muy clara. Si durante nueve meses no tuviste que hacer nada, no te preocupaste del color de tus ojos, de cómo serías ni de quién serías en el futuro y TODO SALIÓ BIEN ¿por qué deberías preocuparte ahora?¿por qué no sigues dejando que el Universo siga aportando abundancia a tu vida durante 90 años más? Porque interferimos, constantemente. Como padres, una vez tomamos al bebé en brazos decimos “gracias Dios, es una obra magnífica, buen trabajo. Ahora nos encargaremos nosotros” y le apartamos de nosotros y del pequeño. Estamos empujando al creador. Desde ese momento ese niño crecerá con las limitaciones y miedos de sus padres, convivirá con los egos de su entorno y fortalecerá el suyo propio con el sufrimiento que ello conlleva. La película es digna de ver y analizar. Yo misma, la habré visto una docena de veces y cada vez aprendo algo nuevo, es como si profundizara en las lecciones que me aporta.

Dejar que otro tome el mando es decir SÍ a la confianza, a la fe en el Universo y a las capacidades de a quien te confías. Dejar que otro tome el mando es ceder la energía, es descansar de un esfuerzo y permitir que todo siga fluyendo, es quererte más y demostrar que también quieres al resto. Dejar que otro tome el mando es rendirse y aceptar que no tienes la responsabilidad de todo para compartirla y hacerla más llevadera. Dejar que otro tome el mando es permitir que lo que tenga que suceder suceda y abrazar el resultado sea cual fuere.

En una semana comienzo el curso para ser profesora de yoga y, aunque hay momentos en que mi ego comienza a darle forma e idealizar cada sesión, mi fe en que va a ser perfecto lo acalla diciéndole “deja de planificar lo que debería o no debería ser, va a ser perfecto ¿qué mas me da cómo?” y me siento en paz con lo que vaya a suceder. No tengo expectativas así que sea lo que sea va a darme felicidad ¿qué más necesito? 

Mientras se aproxima el día, voy a clases diarias de yoga para entrenar cuerpo y mente. Repetir cada día las mismas asanas es un ejercicio tanto para mi cuerpo como para mi paciencia, me da la oportunidad de profundizar en mis capacidades y centrarme en las sensaciones para mejorar cada día. Es un gran entrenamiento. No pienso en lo que pasará dentro de dos semanas porque sólo vivo el ahora y sé que el mañana va a ser justo lo que debe ser.

Namasté amigos.

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