La gratitud

Gratitud

Todos hemos sentido la presión de la vida en nuestros pulmones alguna vez. Tal vez pasamos por las burlas de los compañeros de clase cuando éramos pequeños, tal vez tuvimos un jefe que nos hablaba mal o nos exigía demasiado, tal vez tuvimos una pareja que juzgaba lo que hacíamos o decíamos… incluso pequeños acontecimientos pueden provocarnos ahogo pero esto sucede porque estamos en un entorno de bajas vibraciones, sentimos que no merecemos nada mejor o que estamos teniendo una época de mala suerte. Ay amig@, pues debes saber que tienes la llave que abrirá la puerta hacia otra vida: la gratitud.

Hace algunos años tuve una de esas malas épocas, no conseguía ahorrar, mi trabajo no me motivaba, mi jefe “premiaba” a otros compañeros del trabajo a pesar de que me esforzaba muchísimo por hacer lo que se suponía que se esperaba de mi, no era del todo feliz en mi relación de pareja, me llegaban bastantes multas de aparcamiento y cada mes sentía que los últimos días eran un ahogo económico y me frustraba muchísimo necesitar que mi madre me ayudara económicamente. Era un completo fracaso a mis ojos.

Era tal mi deseo constante de controlar la situación que era capaz de no comprar comida con tal de reservar ese dinero para final de mes pero ¿sabéis lo que les pasa a las personas que tienen una dependencia? que normalmente vuelven a caer en ella en cuanto sienten un poco de debilidad. En mi caso recibir una nueva multa, un comentario despectivo de mi jefe o tener que pagar la luz de mi casa me ponían en un estado de bajas vibraciones tal que no podía evitar necesitar azúcar para compensar la depresión que me provocaban esas situaciones. No sólo vivía en la escasez sino que me sentía mal constantemente, poco amada y emocionalmente débil. El dulce era mi refugio y mi tormento porque había “aguantado” sin comprar para llegar a fin de mes y, de repente, había gastado 30 € en un montón de dulces e hidratos que sólo iban a alargar más la agonía porque, tras el atracón llegaba siempre la culpa.

En esa época yo veía mi vida carente de satisfacciones. Sentía que todo era muy complicado, que todo costaba mucho tiempo y mucho esfuerzo. Tenía prisa por salir de esa situación y no me daba cuenta de que esa impaciencia me provocaba más insatisfacción porque “nada salia como yo quería”.

La gratitud cambió mi vida

Hasta que un día me rendí. Tuve que admitir que no sabía cómo salir de esa situación y pedí ayuda al Universo. Lo que sucedió a partir de entonces cambió TODO (en otro artículo os contaré esta parte). En el proceso de cambio hubo un ejercicio que fue lo que verdaderamente marcó la diferencia en mi experiencia. Se trataba de dar gracias por todo cada día, dedicar 10 o 20 minutos a escribir y dar gracias. Cuando mi coach me recomendó hacerlo no le veía sentido, pensaba “¿de qué voy a dar gracias si todo lo que me pasa es malo? no tengo suerte, todo me sale mal y nadie me aprecia ¿qué espera que escriba?“. Me dijo que cada mañana analizara el día anterior y apuntara cualquier detalle, aunque fuera malo (con el tiempo aprendí a ver que los “malos” momentos, experiencias, personas… no existen) y que diera gracias igualmente. Me parecía absurdo pero estaba decidida a dejarme llevar. Mi vida no fluía llevando yo las riendas ¿qué podía perder?

Cada mañana paraba mi vida durante 10 o 20 minutos (no os imagináis lo que me costó el primer mes…) para hacer este ejercicio. Los primeros días escribía mucho pero sobre todo eran desahogos, críticas, diálogos conmigo misma donde intentaba justificar todo enfocándolo en que dios o el universo o vete a saber qué no me daban nada por lo que agradecer. Aproximadamente el 80 o 90% de lo que escribía era esto y el 10%, al final, era verdadero agradecimiento. Entre tanta mierda, encontraba algún detalle, concluía alguna mala experiencia con un “aunque esto me ha permitido disfrutar de…” que me daba un pequeño respiro.

Tras un mal día y pasada la noche se escribe con cierta perspectiva. Podía haberme acostado llorando pero a la mañana siguiente me sentía con fuerzas suficientes como para escribir. Poco a poco aquella actividad me ayudaba a descargar, a soltar peso, a liberar energía y, mientras, respetarme 20 minutos dedicados exclusivamente a mí. Estaba aprendiendo a respetar las pausas y el silencio, a verle un provecho, a no correr. Esto ya era importante, no era una tarea cualquiera, esto me ayudaba y, mientras, mis días cada vez eran algo mejores. Todavía no era consciente pero poco a poco mis textos eran más cortos, más concretos y más positivos. 

El ejercicio me enseñó a observar, a analizar y a desdramatizar. Me enseñó que las cosas que nos suceden no son “malas” porque alguien nos ha echado mal de ojo sino por causas que no vemos pero que, al final, resultan que tienen un por qué. Con el tiempo se aprende a valorar que todo lo que vivimos es circunstancial, temporal, que no dura para siempre y que, dependiendo del grado de dramatismo que le demos lo “hacemos presente” más tiempo del necesario. Todo sucede en el momento preciso, todo es perfecto.

Pasados unos meses mis textos eran todo agradecimiento. Daba gracias por cada piedra, por cada persona, por cada alegría y cada tristeza. ¡Mis días ya tenían luz! No sé cómo pero aquello me ayudó a valorar el tiempo, a tomar las riendas, a empezar cada día con la decisión de no ver las cosas malas sino sólo las buenas. Dejé de ver la televisión y las noticias, me alejaba de aquello que no me aportara buenas vibraciones y cambié mi alimentación, volví a hacer deporte y controlaba mejor mi ego y sus vaivenes emocionales.

Poco a poco dejó de interesarme “tener razón” en todo. He aprendido a escuchar sin juzgar (aunque admito que a veces vuelve esa vocecita criticona “cazándola al vuelo” a tiempo) porque el punto de vista de otras personas es igualmente válido que el mío desde su situación o contexto. De hecho, cualquier situación estresante es una estupenda oportunidad para encontrar mis flaquezas y aprender a llevarla de un modo diferente. Cada vez que alguien me hable mal es una oportunidad para analizar mis emociones y soltar aquellos patrones que atraen eso a mi vida. Soy la única responsable de que lo que me afecta siga pasándome o no. Si una situación no me gusta, sencillamente me alejo de ella, no tengo por qué obligarme a vivirla y, si lo hiciera, ¿qué derecho tengo a quejarme después? ninguno. Nosotros elegimos vivir esa experiencia, soportar a ese jefe o tener esta casa que se cae a pedazos… somos libres de cambiarlo cuando deseemos. No será de la noche a la mañana pero, si de verdad queremos tener experiencias de altas vibraciones sólo tenemos que decidirlo y dar un paso, luego otro, luego otro… cuando lleguemos lo sabremos y, mientras, cada día, agradeceremos lo que nos hemos ido encontrando por el camino.

Esta es mi recomendación hoy, tras más de 10 días sin poder escribir nada (he tenido mucha actividad que me impedía sentarme y contaros cómo me van yendo las cosas), para que comencéis a cambiar vuestras vidas. Tened clara una cosa: lo que hoy te ha hecho sentir mal, no tiene por qué existir mañana. Tú puedes cambiarlo, salir o verlo con otra actitud. Busca siempre lo bueno detrás de cada mala experiencia y agradece que haya sucedido. Todo va a ir bien, te lo garantizo.

Ahora, para aquellos que estéis pensando “vale, pero ¿cómo lo hago? ¿me siento a escribir y ya?” os voy a explicar el ejercicio. Buscad un lugar tranquilo donde podáis dedicar cada mañana unos 20 minutos a esto. Coged vuestro café o té y sentaos. Escribid al principio de la página (yo usaba un iPad porque me resultaba más cómodo) lo siguiente:

“MEREZCO RECIBIR TODO LO BUENO QUE LA VIDA QUIERA DARME Y DOY GRACIAS POR TODO LO QUE TENGO”

A partir de ahí, Empezad con “doy gracias por…” y repetid este inicio a cada detalle que consideréis. Cuanto más específicos seáis mejor, cuantas más cosas agradezcáis mejor, cuanto más detallista sea el “objeto” de agradecimiento mejor… podéis agradecer el sonido de un pájaro porque os hizo sentir bien, o una frase que escuchasteis a alguien en el autobús camino al trabajo, o la respuesta airada de un compañero a un gesto que tuvisteis hacia él porque te mostró una actitud que debes mejorar. Cualquier cosa es objeto de agradecer. Yo agradezco enormemente estar sentada aquí, escribiendo, pudiendo compartir con vosotros mis experiencias y teniendo la certeza de que a muchas personas les llegará este mensaje y tal vez puedan cambiar sus vidas como me ha sucedido a mí.

Espero que tu vida cambie y que hoy encuentres la felicidad en cada detalle. Namaste querido amigo.

Tal vez quieras leer ahora lo que te propongo aquí:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.