Mi cuerpo es mi templo

Mi cuerpo es mi templo

Esta semana he tenido una conversación con mi compañera de trabajo sobre alimentación macrobiótica. Ella decía que no podría evitar comer de todo y beber, le encanta el vino y probar todo tipo de comidas, de cualquier cultura. Consideraba que la cocina macrobiótica era muy limitada, sacrificada y que dejaría de comer muchas cosas que le gustaban mucho.

Comprendo perfectamente lo que quiere decir porque yo no he sido vegetariana toda mi vida y llevo muy poco tiempo cocinando comida macrobiótica. De hecho, disfruto muchísimo la comida y he de admitir que es un problema para mi porque cuando estoy baja de defensas o desanimada, deseo comer helado o zamparme una pizza.

Lo que hace que una alimentación sea mejor que otra no es si nos gusta más o menos sino si nos beneficia o nos perjudica. Partiendo de la premisa de que algo que nos beneficia nos aporta salud para poder disfrutar de nuestra vida, el sentido común ya nos dice que beberse una botella de vino no es más saludable que una copa al igual que comerse un costillar de cerdo no es más saludable que un cocido vegetariano. Las segundas opciones son igualmente disfrutables y sabrosas pero los excesos nos llaman más. La diferencia está en tener claras nuestras prioridades, ¿quiero disfrutar simplemente o quiero disfrutar siendo constructivo? Lo segundo no es menos divertido, sólo que implica pensar durante un instante qué es lo que quiero que pase tras esa comida para poder seguir disfrutando con lo que venga después.

Yo lo veo así: mi cuerpo es mi templo. Cuanto más fuerte y sano esté, más paz interior sentiré. En mi caso, una comida copiosa me provoca malestar físico durante días así que priorizo el estado de ese templo más que el disfrute de una sola comida. Cuando comemos por disfrute la felicidad que obtenemos es efímera, dura unas pocas horas o puede que menos. Tal vez en 30 minutos estemos necesitando tomar bicarbonato para eliminar el dolor de estómago que nos hemos provocado.

La felicidad es tan efímera que ni siquiera somos capaces de distinguir lo que la ha provocado, ¿ha sido la compañía?¿ha sido lo que he comido? ¿ha sido poder comer lo que me diera la gana? ¿han sido los sabores? ¿ha sido el precio que he pagado por ella? Además, es posible que luego nos aparezcan sentimientos de culpa por el atracón pero, sin embargo, cuando tu alimentación es vegetariana, vegana, macrobiótica o cualesquiera de estas variantes, lo que priorizamos es el bienestar de nuestro cuerpo con el objetivo claro de SER CONSCIENTES en todo momento de dónde procede nuestra felicidad y, además, mantenerla. El truco está en buscar el equilibrio entre una comida sabrosa, que nos encante, y saludable, que permita que nuestro cuerpo se beneficie de ella y mejore o mantenga una salud determinada.

Namasté amigos.

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