Los cambios de nuestra práctica de yoga

Hace casi una semana que me trasladé a vivir a Canet de Mar (Barcelona) y al segundo día ya sentía que mi práctica de yoga estaba siendo diferente. Creo que dentro de mí algo se asentó cuando acepté el cambio de vida que iba a tener sin ponerle ‘techo’ al asunto. Estoy viviendo esta experiencia de manera diferente a otros viajes y otros cambios, es la primera vez que de verdad no he puesto una imagen enmarcada a lo que me gustaría vivir aquí y parece que todo es especial, incluso lo que en otro momento de mi vida no soportaría. Es como si le estuviera dando espacio a todo y yo sólo acompaño u observo. Es como si lo que he aprendido en las meditaciones estuviera aplicándolo al día a día. Incluso en el trabajo.

Esto es un reto para mi mente porque de sólo preparar clases de yoga a la semana y algunos talleres ahora estoy varias horas seguidas cada día atendiendo a varios proyectos, mirando la pantalla de un mac, aprendiendo a usar el software de la empresa, a conocer a los clientes, a ver puntos de mejora en los procesos y, entre todo esto, conocer y abrazar toda la diversidad que me rodea en este momento.

Supongo que gracias a que todo ello se está desenvolviendo en un entorno cordial estoy integrándolo todo. En particular, siento que mi práctica de yoga se estabiliza. Cada día, por la mañana, quiero practicar un poco y hacerlo según me siento en ese momento o pensando qué actitud quiero tener en la jornada. Esta semana por ejemplo, he hecho muchas aperturas de pecho, sentía que “tocaba”, que era necesario para no juzgar o describir, para aceptar todo lo que está llegando a mi vida, día a día. Curiosamente, si nos escuchamos, el cuerpo nos dice qué necesita porque la consciencia le dice al cuerpo qué debe pedir para prepararnos para lo que viene. Normalmente no le hacemos caso, nos forzamos, lo saturamos, le exigimos, lo debilitamos… pero hay que pararnos a sentirnos sin juicio ni exigencias para tratarnos con mucho amor, respetar nuestras necesidades y darnos aquello que vaya a hacernos bien. 

Creo que los Talleres BE también están haciendo su parte del trabajo. Estos talleres, que unen una práctica de hatha yoga con otra de danza, están diseñados para sanar y volver al equilibrio nuestros chakras y desde la presentación ya sentí los efectos en mi cuerpo y mi forma de sentir lo que vivo… Más centrada, más tranquila, menos competitiva, más confiada. Que sea una de las organizadoras también enfoca el diseño de las sesiones de un modo energéticamente ideal para mi propio proceso sanador. Dicho proceso comenzó en mayo con la presentación pero se fue potenciando en junio con el trabajo del primer taller para muladhara, el chakra de la nutrición, de la estabilidad, de la seguridad (ese mes me llamaron para trabajar donde estoy ahora por cierto 🙂 ) y con svadhisthana en julio, donde me permitía expresar, ser creativa sin miedo a juicios. Ambos han sido determinantes visto la forma en que estoy viviendo esta etapa.

Hoy en día me siento tranquila a pesar de que mis cuentas bancarias están en mínimos (hace unos años estaría histérica con esto), cada día me doy mi tiempo, mi espacio y disfruto de las compañías (tanto animales como humanas), y agradezco, mucho. Agradecer es el primer escalón en todo proceso sanador, darse cuenta que todo lo que tenemos y vivimos es suficiente, que nos ofrece toda la oportunidad que somos capaces de asimilar para avanzar y, a medida que aumentamos nuestra sensación de gratitud, todo va siendo más ligero y llevadero, vamos teniendo ‘golpes de buena suerte‘ más frecuentemente y sonreímos más porque todo tiene menos drama.

Hoy en día llevo a la práctica todo lo que he aprendido estos últimos años con el yoga sin tutores ni colchón que amortigüe emocionalmente lo que voy a vivir pero no siento que vaya a necesitarlo. Me siento fuerte, segura, asertiva y tranquila. Mis prácticas son de 15 minutos u hora y media pero son siempre lo que necesito. Me paro a sentirme, me doy y disfruto. Me nutro con lo que siento que necesito y me hace bien. Y la misma actitud que estoy desarrollando en la práctica la estoy teniendo en la comida. 

De tener una casa para mi sola a compartir con 4 personas más una cocina relativamente pequeña. El espacio del que ahora dispongo en la nevera será una décima parte de lo que tenía en mi casa pero, sin embargo, me ayuda a aprovechar mejor la comida y a planificar. Lo mismo con el horario de oficina, que me motiva a preparar hoy aquello que comeré mañana. Todos estos cambios siento que me enfocan más. Es como si mi energía, que normalmente iba hacia afuera, ahora se estuviera dosificando para mantenerme en el centro. Un centro que encontré practicando yoga.

Los cambios en nuestra práctica de yoga representan nuestros cambios internos. Cuando estamos alterados, nuestra práctica comienza acelerada pero poco a poco va cambiando a la quietud que es lo que nos pide el cuerpo. Cuando estamos adormilados, sucede a la inversa. Al final, si nos paramos, sabemos lo que el cuerpo o nuestra mente necesitan, no son palabrerías, es que realmente sucede así.

Por último, el estado de nuestro cuerpo afecta a nuestros pensamientos así como el estado de nuestra mente afecta al cuerpo. Si estamos nerviosos sentimos un agujero en el estómago, si no hemos descansado tenemos la mente embotada… conocer las herramientas que nos ofrece el yoga equilibra la balanza en todo. Si estamos dormidos, un pranayama como kapalabathi puede encender el calor del cuerpo o una postura invertida oxigenar nuestro cerebro. Si estamos hiperactivos o excitados, un nadi sodana baja nuestra energía a niveles que nuestro organismo es capaz de administrar o una postura como balasana dejarnos totalmente relajados. Así está siendo mi práctica hoy, más de escucha que de ejecutar. Más de integrar que de investigar. Más de dar espacio que de exigirme. Más de observar que de analizar.

Y tu práctica ¿cómo y cuándo cambia?

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