El abrazo de Dios (3)

El Abrazo de Dios 3

En retrospectiva normalmente percibimos la coherencia con la que el Universo, Dios o la vida ha encajado las piezas. Sólo cuando aún sentimos rencor o dolor en nuestro interior es cuando no somos capaces de ver la magia de los acontecimientos… En el artículo anterior hablaba sobre por qué nos sentimos tan separados de Dios y que en realidad somos nosotros, con nuestra capacidad creadora, la que ‘fabrica’ los obstáculos y las experiencias. En este artículo abordo nuestra capacidad creadora.

El pensamiento es vibración

Cuando hablamos de vibraciones es fácil entenderlo si pensamos en la materia como nos enseñaron en la escuela. La energía, a una vibración muy baja es materia solidificada (hielo), si aumentamos su vibración se transforma en líquido (agua) y si seguimos aumentando su vibración se transforma en gas (vapor) y si siguiéramos seguiría transformándose. La teoría la conocemos y el poder de realizar esas transformaciones lo tenemos en mayor o menor medida pero el poder más interesante de todos, el más obvio, el que no vemos de lo cerca que lo tenemos es uno: el pensamiento.

Por decisión propia damos el poder al otro para hacernos felices o infelices, lo mismo hacia un objeto. Nuestros pensamientos son creadores y les damos credibilidad en la medida vemos una correspondencia con nuestro plano físico pero actúa a niveles tan sutiles para nosotros que, al no verlos, ni siquiera nos otorgamos la autoría. ¿Cuántas veces has pensado en alguien y casualmente te ha llamado por teléfono? ¿Cuántas veces te has visto aparcando en algún sitio específico y ‘por suerte’ encuentras sitio para aparcar justo donde te habías visualizado aparcando? ¿Cuántas veces has creído que no tenías la suerte de tu lado y te han acontecido infinidad de malas experiencias todas juntas? Todo es producto de tu mente a un nivel muy profundo que todavía no ves pero es porque sigues buscando a Dios fuera de ti cuando lo cierto es que este máximo creador está dentro tuyo. Eres quien construye el mundo y la vida que estás experimentando.

Hay un concepto básico que aclarar: Dios no es él, ella, ello, alguien… no hay todavía palabras en este instante del argumento para poder hacerte entender que no es algo separado de ti. No es “una parte” de nada. No está literalmente dentro de ti, en un lugar específico de tu cuerpo físico. No es el hipotálamo, ni el corazón, ni una célula determinada de tu cerebro. Ni siquiera es el pensador que surge y que habla en tu interior que sólo tú escuchas cuando quieres escucharle. Dios está en todo porque es el creador de todo. Su esencia está impregnada en todo. Forma parte de todo, es informe, no tiene atributos tangibles pero puedes sentirlo. Su energía puedes sentirla y cuando la sientes, provoca en ti una sonrisa, un cosquilleo en las tripas, el pelo de punta, notas algún olor o escuchas un sonido agradable… no te surgen palabras para describirlo en ese momento pero lo sientes. Hay “algo ahí” que eres capaz de percibir pero que es indescriptible.

Ese instante en el que “lo sientes” estás conectado o conectada con él. Tu mente suele aparecer para describirlo, ponerle etiquetas o clasificarlo y, entonces, deja de tener magia y dejas de estar conectado. En el momento “se etiqueta y archiva” esa experiencia, deja de tener sentido divino y adquiere un significado racional. Nuestra mente actúa así, juzgando y opinando de todo, es su forma de “bajarte a tierra” y hacerte sentir de nuevo atado a una experiencia decidiendo si te gusta o no te gusta, si la incorporas a tu vida o si la desprecias, si la archivamos en los recuerdos o la dejamos en el subconsciente.

Nuestra mente analiza y guarda constantemente pero no es capaz de llevarte a este tipo de experiencias de nuevo. Su labor no es que sueñes ni sientas, su labor es hacerte creer que tienes el control de todo y que todo lo que ves y sientes se puede archivar para seguir mirando hacia el pasado o hacia el futuro, te hace creer que lo que experimentas es algo provocado y controlable por ti, te hace culpable de lo que sucede y recurre a sus archivos para decirte “esto puedes o no puedes hacer” porque resulta que todo lo demás no existe, hasta que sucede algo nuevo y se apremia a ponerle etiquetas y a clasificarlo para de nuevo darte un argumento comprensible de tu limitado control sobre las cosas. Así funciona nuestro ego y así la mente baila su canción.

Pero antes de ese etiquetado has sentido a Dios porque no tenías palabras para expresar ese instante. ¡Ese momento es increíble porque te hacía sentir en las nubes y no eras capaz de describirlo! La vida te sorprendía y era tan simple y sencillo todo lo que estabas viviendo… ahí sentiste a Dios, recuerda esto. Y recuerda que puedes encontrar a Dios en muchas más ocasiones, no es una casualidad sino una causalidad. Puedes sentirlo conscientemente, sólo tienes que dejar que suceda, dejar de querer controlar, dejar de escuchar a tu vocecita interior etiquetándolo todo.

Cuando desarrollas tu capacidad de escucha y observación también desarrollas la de permitir. Permites que las cosas sucedan para observarlas, practicas la observación sin análisis, practicas el aumento de tus límites de atención. Al principio no conseguías atender a nada más de 1 o 2 minutos seguidos porque tu mente se disipaba llevando tu atención a otra cuestión. A medida que aprendes a darte cuenta de ese instante y vuelves al objeto de atención inicial, desarrollas la paciencia, el ‘no buscar’. Aprendes a valorar al objeto que observas, admiras sus detalles, sus cualidades y atributos, podrías incluso describirlos, sentirlos e interiorizarlos en tu mente conscientemente: “Esto es de color azul” “Esto brilla” “Esto suena bien” “Esto me hace sentir paz” “Esto me inquieta” “Esto me molesta” “Esto me hace sentir dolor en el estómago”… puedes seguir observándolo y a la vez describiéndolo para desarrollar tu capacidad de concentración.

Nuestra concentración nos llevará a un estado meditativo y ese estado meditativo cada vez podremos alargarlo más y más. Uno de los beneficios de este estado es la neutralización de los síntomas físicos que hayamos arrastrado hasta ese instante. Puedes comenzar estas prácticas sintiendo estrés por una discusión reciente pero cuando terminas la pequeña práctica de meditación que puede ser de incluso sólo 3 minutos cuando ya tienes práctica, el estrés habrá desaparecido.

Así funciona la concentración, disipa cualquier resistencia física y mental a lo que sea que haya sucedido hasta el momento de comenzar a concentrarse. Tiene el poder de cambiar nuestra experiencia de vida a partir de ese momento. Si poco a poco vas incorporando estas prácticas a tu día verás como sentirás a Dios más a menudo. Aparentemente no tienen relación porque tal vez estés valorando a Dios desde un punto de vista espiritual y lo estés analizando desde la mente, contenga etiquetas de “Dios es esto o aquello” y no lo contemples como algo universal. Puede que todavía sigas catalogándolo y no se te ocurre pensar que también está en una discusión. Si, Dios también está en una discusión. Dios también existe en aquello que denominamos malas experiencias.

Pero resulta que Dios no interfiere, sólo está presente creando… en el próximo artículo hablo sobre ello y sobre por qué a veces sentimos “el castigo de Dios”.

Namaste lectores.

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3 comments

  1. Siempre que vuelvo a leerte…. es una maravilla!!! Y llegas en el momento Justo…..❤️ Continúa con tus textos y todo lo maravilloso que nos brindas! Yo estoy en Argentina, sino asistiría gustosa a tus prácticas! Abrazo de corazón! Gracias.Namaste!

    1. ¡Ay Anahi! muchas gracias por tus palabras. Realmente todos tenemos este conocimiento en nuestro interior que el universo se encarga de recordarnos de multitud de maneras. Me hace especial ilusión que me leas desde tan lejos y ¡ojalá que algún día pueda ir a ofrecer mis clases y sentir en tu parte del mundo! Un gran abrazo namaste.

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