El abrazo de Dios (5)

El Abrazo de Dios 5

Pensar que vamos a morir en un periodo de tiempo más o menos determinado nos marca unos hitos que conseguir a lo largo de la vida para, llegado el momento, sentirnos merecedores de la paz que otorga la muerte. Creemos que tenemos que ganarnos la benevolencia de Dios y, aunque en cierta época no le tenías muy presente, todos, llegado una edad, comenzamos a hablar con el universo para pedir perdón o solucionar los desaguisados que hayamos hecho anteriormente. En el artículo anterior explicaba por qué nos sucede esto.

¿Y si te dijera que el tiempo no existe? ¿que la materia es una capa? ¿que la esencia de Dios permanece y que tú, como parte de esa esencia, permaneces en consecuencia? Sé que es difícil de considerar, entra en conflicto directamente con todas tus creencias. Tu ego se activa con celeridad para decirte que es imposible, que mires a tu alrededor y veas con tus propios ojos que estás rodeado de objetos y personas separadas de ti. Para por un momento a esa vocecita y di en voz alta “todo lo que veo no existe”, bloquea la inercia de tu mente a etiquetar todo de nuevo y observa lo que te rodea sin juicio. Intenta que tu mente no diga “esto es un cojín”, “esto es una farola”, “esto soy yo”… silencia todo lo que surja en tu mente y sólo observa.

La resistencia que sientes es normal, es un acto de protección ante lo desconocido, pero es un acto erróneo de protección porque no hay nada de lo que protegerse. Conocer la verdad nunca puede hacerte daño sino todo lo contrario. Despierta el conocimiento en ti y el conocimiento es poder, es disponer de una conexión directa al consciente colectivo que te da todas las respuestas y no quita nada. Es una esfera llena de sabiduría que, al contrario de lo que pudieras pensar, te dará paz.

Si estamos apegados a la materia, cuando envejezcamos, sentiremos que estamos desperdiciando la vida, nos enfadaremos con nuestro cuerpo y con todo lo que nos rodea porque sentiremos el abandono de Dios. Todos están muy ocupados sobreviviendo, ¿quién va a cuidar de nosotros? Y en el caso de que alguien nos cuide, ¿cómo vamos a asegurarnos de que ese cuidado cubra nuestras necesidades?

Por eso es tan importante que escuches lo que te estoy diciendo. La materia es una capa, el tiempo es relativo y si aprendes a escucharte y observarte, no te importará envejecer porque no sentirás que pierdes nada, todo lo que acontezca serán oportunidades para sentir a Dios, no estaremos solos porque siempre estaremos acompañados y cada peldaño de la escalera lo subiremos sin esfuerzo. Subiremos algunos peldaños con más facilidad y otros no tanto pero ello sólo acontecerá si hemos desatendido nuestra conexión con nuestro Ser, la esencia de Dios. Esto sólo puede sanarse si desarrollamos y mantenemos la mirada hacia nuestro interior, hacia ese espacio donde la energía existe en nosotros y hace que todo en nosotros funcione, que nuestro corazón lata, que podamos respirar y nuestros órganos cumplan la función que tienen que cumplir… si mantenemos esa atención en nuestro interior y nos desapegamos que lo que suceda en nuestro exterior, comenzando por nuestro cuerpo, podremos avanzar por ese puente tranquilamente, sin apenas sobresaltos.

Envejecer, enfermar, perder a alguien, la casa o tu dinero, sufrir un accidente o un abandono son ejemplos de acontecimientos que ponen a prueba todo nuestro sistema de valores… En el siguiente artículo hablo sobre cómo todo ello es parte de un camino hacia el espejo de Dios.

Namaste lectores.

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