Sí, eres muy importante

Pasan los días sin apenas darte cuenta, acudes al trabajo para hacer lo mismo que hiciste ayer, vuelves a la misma cafetería cada día para tomar el mismo desayuno de cada día, haces la compra de la semana exactamente igual a la pasada semana, ves a las mismas personas, todo parece ser una repetición del día anterior y tienes la sensación de que nada te aporta y tú no aportas nada. Sientes que la rutina maneja tu vida pero ERES MUY IMPORTANTE y no lo ves.

Es posible que seas una persona que sienta esto y tengas pensamientos como “quisiera hacer algo que cambie la vida de las personas”, “mejorar el mundo que me rodea”, “ser alguien importante”, “que se me recuerde por haber hecho algo memorable”… Has bajado la guardia y tu ego ha tomado el control. Es hora de que vuelvas a creer en ti y acalles a ese neurótico entrometido porque tu sola presencia conmueve cada día a los que tropiezan contigo.

Cada fin de semana paso algunas horas en una cafetería que hay debajo de mi casa, se llama Mily. Tras tantos meses viniendo aquí son parte de mi familia en Alcobendas. Hay una pareja de jubilados que van cada fin de semana y sus vacaciones las pasan en Benidorm y San Juan de Alicante, los dueños de la cafetería tienen unos terrenos familiares en Torrevieja, algunos de los empleados me hacen regalos y me muestran una cálida amabilidad… Son siempre las mismas personas pero cada día que me encuentro con ellos me hacen sentir especial porque veo en ellos lo especiales que son. No verme a mí como el centro de todo sino a ellos hace que todo lo que me sucede sea magnífico, hasta el más mínimo detalle. Estoy segura que mi presencia también ha dejado o está dejando huella en su existencia como lo han hecho ellos en la mía, y no necesito más para ser feliz.

La pareja de jubilados son un amor, él es un picarón y su mujer una simpática. Él un atrevido bailarín y ella una confiada esposa. Él parece que siempre te está tirando los trastos y ella sonríe al ver cómo su marido no ha perdido la alegría de vivir y el sentido del humor. Llevan 50 años casados y son adorables. Ayer pasé unas horas en la cafetería leyendo y escribiendo cuando hicieron acto de presencia, tan sólo aparecer y todo eran sonrisas, risas y brazos levantados. Me levanté y les dí dos besos. Era la primera vez que lo hacía pero entraron con tanta familiaridad acercándose a mi para darme un abrazo que me nació hacerlo. Estuvimos hablando de la semana, de “si te acuerdas de aquello”, de si “me han regalado una tablet que no entiendo un carajo“, de si “tráetela que te ayudo a entenderla“… Un rato después me invitaron a merendar y media hora más tarde se fueron a casa a ver una película y se despidieron con otro abrazo más fuerte que el de bienvenida.

Durante el rato que estuvieron en la cafetería se me olvidó el resto del mundo, brillaban ante mis ojos. ¿Cómo dos personas podían iluminar toda la estancia de esa manera? Estaba fascinada y encantada.

Creo que a veces sentimos apatía, soledad o tristeza porque dejamos que nuestro ego nos juzgue, compare con lo exterior, con otras personas o nos exija tomar el control de todo cuando lo cierto es que no tenemos el control de nada. Lo único que podemos hacer es ser observadores. Algo más grande que nosotros lo orquesta todo y cuando tomamos conciencia de esto, cuando nos damos cuenta de lo absurdo y agotador que es estar constantemente intentando controlar cómo pasan las cosas, tiramos la toalla, nos rendimos y entonces, acontece la magia, todo sucede como debe suceder.

Cuando decidimos ser espectadores, permitimos que la vida nos sorprenda. Desde ese momento cada día que pasa es una oportunidad para agradecer, para descubrir magníficos detalles en las personas que nos suelen rodear, para admirar los matices del sabor del café de esa mañana, para caer en la cuenta de la belleza de cada árbol de cada baldosa o de cada color. Cuando dejamos de pensar en nuestros problemas (“yo, yo, yo“) y dejamos al Universo ocuparse de ellos, dejamos sitio POR FIN en nuestra mente para relajarnos y disfrutar. Los problemas o rutinas ya no son tan importantes, sentimos fe en que todo va a terminar bien y comenzamos a sentirnos pasajeros de un tren que no está parado. Hoy puede que estemos aquí pero mañana puede que estemos en otro lugar… abrimos las puertas de las posibilidades. Tomamos decisiones cada día pero confiamos en que los resultados serán los mejores para nosotros porque tenemos fe.

Y de repente, lo que antes era “lo de siempre”, hoy es nuevo.
Y de repente, lo que antes era “rutina”, hoy tiene un montón de detalles.
Y de repente, lo que antes era “triste”, hoy es apasionante.
Y de repente, lo que antes era “asfixiante”, hoy es una excusa para dar un paso.

Namasté amigos.

Tal vez quieras leer ahora lo que te propongo aquí:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.