Heading to Dreamland (Juan Sánchez) – ¡DALE AL PLAY para leer con música!

Conversación

Ayer, Albert —mi pareja— y yo tuvimos una conversación sobre unos conflictos ideológicos y personales que tenían algunos en ciertos entornos de trabajo. Aquella conversación nos llevó a la conclusión de que los adultos, cuando inician un camino de desarrollo espiritual, deciden previamente —consciente o inconscientemente— recorrer «el camino de vuelta a casa».

Cuando digo «nuestra casa» me refiero a la pureza de nuestra edad temprana, no a las cuatro paredes que nos cobijan hoy en día.

Cuando somos niños, no juzgamos, solo experimentamos. Lo hacemos solos o en cualquier compañía, de cualquier raza o ideología, no hay comparaciones con nada, solo disfrute, presencia absoluta. Es en la medida que crecemos cuando se nos desarrolla el juicio, que tamiza lo que es bueno o malo, lo que es adecuado o no, lo que debe ser o no…

Si nuestra vida se ha desarrollado entre tensiones y limitaciones, llega un día en que ya no puedes más, estás al límite, hastiado de ella, de que todo y todos vayan en tu contra, estás enfadado con el mundo porque el mundo se enfadó primero contigo. Y pueden pasar dos cosas: o que le digas a Dios, al universo o a otra persona «vale, te dejo hacer, ya estoy cansado de luchar contra ti» y te dejes llevar, o que luches hasta romperte y entonces tengas que soltar el control por necesidad, tal vez una enfermedad, un accidente, una ruptura o pérdida tremendamente dolorosa…

Si nuestra vida se ha desarrollado en armonía y sin demasiadas limitaciones, también podría llegar un día en que un sencillo acontecimiento te haga preguntarte el por qué de las cosas, indagues y, de manera consciente, decidas iniciar un camino de desarrollo personal y espiritual.

También puede suceder (y sucede) que sigas siendo una persona inaguantable hasta el final de tus días porque tu ego es más fuerte que tu alma. Te quedan muchas vidas por recorrer entonces, no eres un alma vieja.

El camino de vuelta a casa para mi es un recordar. Recordar quién eres realmente, la pureza de donde surgiste, la inocencia con la que mirabas todo. Es volver a ser niño en el cuerpo de un adulto. Sin juicios, ni comparaciones, ni ego que quiera protegernos de todo.

En ese estado de armonía, no hay conflictos. Ni sabes lo que son ni los buscas, porque todo está bien. Todo es aceptado. Todo es lo que debe ser, ni te lo cuestionas.

Volver a sentirte así y beneficiarte —inconscientemente— de ello sucede cuando sueltas el deseo, la necesidad, la mente. Es ese lugar al que llegamos cuando simplemente observamos, cuando hemos aprendido a ignorar a nuestra mente cuando está en «MODE WAR ON».

Los conflictos entre personas desaparecerían si fuésemos capaces de entender por lo que ha pasado. Si no juzgáramos su apariencia, su forma de hablar, sus expresiones o gestos, su comportamiento, su ideología. Juicios, juicios, juicios… la mente en «MODE WAR ON». Si pudiéramos ponernos en sus zapatos para sentir lo que esa persona siente y ha vivido, tal vez nuestra compasión se despierte y dejemos de etiquetarlos, juzgarlos, compararnos con ellos o exigirles.

Cuando somos niños, nuestra pureza e inocencia nos impide ver nada que no sea la pureza e inocencia del otro. Cuando somos adultos, la ausencia progresiva de afecto y las expectativas de otros «más adultos» nos siembran dudas, sobre nuestra valía, nuestro merecimiento, nuestro autorespeto… y esto construye adultos egocéntricos. Y no hay un rasero sobre el que medir el ego. O se juzga o no se juzga, es así de sencillo.

Fuere del modo que fuere, como decía al principio del artículo, llega un momento en que algo hace ‘click‘ o ‘crack‘ en nuestro interior. Y ambos son decisiones inconscientes que nos hacen comenzar a recorrer el camino de vuelta hacia esa pureza e inocencia con la que comenzamos nuestra experiencia de vida en este plano de existencia.

El camino de vuelta es doloroso porque implica ver y aceptar no solo las consecuencias de nuestros actos sino ver también su origen, la razón de que ocurrieran. Y ver —pero sobre todo comprender— la verdad duele, a veces duele mucho.

Pero ¿sabéis qué? caminar de vuelta es un acto de valentía, de madurez espiritual. Somos Seres valientes que hemos comprendido que este viaje es de ida y vuelta, que no era lineal sino una ruta circular en la que volvíamos al punto de partida. Con más sabiduría y cicatrices pero también con más de eso que nos creó: amor.

En mis sesiones de yoga enseño a mis alumnos a observar, a darse cuenta de que no son mentes con un cuerpo sin más. Les muestro la puerta a ese camino de vuelta. Son Seres Perfectos con experiencias dolorosas pero igualmente perfectas. Aprender a transitar nuestras sensaciones y emociones como algo externo a nuestro Ser nos prepara para soltar todo aquello a lo que nos aferramos que, en última instancia, es innecesario al llegar a la pureza de nuevo.

Cuando estés en tu lecho de muerte verás que lo único que trasciende es tu Ser, la esencia que eres. La que no juzga ni etiqueta sino que constata, registra y acepta. Nada de casas, coches, herencias ni familia… En el instante en que dejas tu vehículo (cuerpo), solo eres pureza, amor y potencialidad pura de creación volviendo a su campo cuántico.

¿Recuerdas la película Powder? te recuerdo el momento final:

Namasté Seres Perfectos.

Leave a Reply

Ver más

  • Responsable: María José Castañer.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a CDMON que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad