(del ejercicio, el yoga o la atención plena)

Cualquier práctica debería ser consciente, nada de ir con prisas, con la mente puesta en un objetivo o con los ojos persiguiendo el reloj para ver cuánto hacemos en menos tiempo.

Cuando practicamos, lo que sea, hay aprendizaje cuando hay presencia. Sin ésta, no hay aprendizaje que valga. Otra forma de decirlo: no integramos las experiencias hasta que nos hacen estar totalmente presentes. Un ejemplo, ¿a que no te olvidas de aquella caída por las escaleras cuando fuiste niño? ¿o de aquel novio que te dejó sin razón aparente? y… ¿a que si te olvidas de la lección de historia de 2º de BUP o de lo que comiste hace un par de días? Vuelvo a repetir… nuestras células se impregnan de una experiencia cuando esa experiencia te hace estar totalmente presente y estoy segura de que cuando te dejó aquél novio si te hizo estar presente, si.

¿Y cómo hacemos para integrar un hábito, aprender algo o ser competentes en nuestro trabajo? Adiestrando a la mente a bajar el volumen o, incluso, a quedarse un ratito en silencio.

Vale, estarás pensando «ya, ya, es fácil decirlo pero es imposible conseguirlo«. Te aseguro que no es tan complicado, solo debes comenzar distrayéndola con cosas que no sean lógicas.

Ahora me dirás «a ver , a ver… pero la mente es potencialmente lógica y racionaliza las cosas para tomar decisiones. Si le muestro cosas ilógicas ¿no me volverá loco?». La verdad es que no, aunque un instante antes de que suceda esa ausencia de locura si que parece que te vuelve un poco loco pero tranqui, pasa tan rápido que no le darás importancia.

Dualidad (prescindir de la)

¿Recuerdas la frase «tras el Caos siempre viene la calma«? Tanto la calma como el caos son partes de un mismo universo. La dualidad en la que coexistimos los unos con los otros nos hace percibir dualidad en todo lo que vemos. Hay blancos y negros, buenos y malos, finos y gruesos, altos y bajos, y un largo etc. Pero hay un detalle que la dualidad no encaja y es que entre esas dos dualidades hay individualidades. Hay elementos únicos respecto al resto del espectro entre el blanco y negro que no son ni blanco ni negro. Esos «grises» tampoco son iguales unos a otros. Cada percentil de blanco o negro le hacen ser un color único. Esto se entiende ¿verdad?

Dicho esto, podríamos decir que la escala de blancos a negros está llena de individualidades únicas y preciosas. Cada uno de los matices será un color único. Pero de esto solo podemos ser conscientes si observamos a un único color cada vez, si toda nuestra atención está puesta en ese único y preciosísimo matiz de gris.

Y cuando observamos con atención, sin juicio, sin compararlo con el gris de «su derecha», sin tan siquiera describirlo… es hermoso, es perfecto, es un instante único. Instante tras instante, se constituye la atención plena. Lo mismo que cuando te caíste por las escaleras, esa caída se hizo eterna y recuerdas todos los detalles, la escena, las sensaciones, como si fuera ayer. Curioso ¿no?

Pues la línea temporal es un conjunto infinito de instantes temporales como si de frames de un stopmotion se tratara. La unión de todas esas individualidades construyen un parámetro temporal (segundo, minuto, hora, etc) pero esto no deja de ser una forma de darle sentido por nuestra mente, para poder crear un marco sobre el que relativizar todo y poder sentirnos partes de un todo.

Pero la práctica de cualquier deporte, movimiento o formas de pensamiento solo pueden trascender y nutrir a la existencia desde la presencia absoluta. Esa que no emite juicio alguno sino que solo constata la existencia de algo porque la observa. Y si algo es visto, existe para nosotros como seres conscientes.

Así pues, para mi, la atención plena es una maravillosa técnica de desapego hacia todo lo que percibo, veo o siento. Es un proceso de des-aprendizaje de lo aprendido para soltar al ego y al raciocinio, y resetear todos tus sistemas (de creencias, fisiológicos, mentales, emocionales…)

Mirar sin aportar juicio alguno es como ser un espectador de tu propia vida. Al principio parece difícil pero lo cierto es que una vez te das cuenta de lo fácil que es, no entiendes cómo nadie te enseñó esta manera de mirar antes.

Déjame que te muestre cómo a través de mi Programa AMBA. Soltemos juntos esa mente inquieta que tiende a «engancharse» a cosas…

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